Un objeto tan cotidiano son las
cortinas. En rojo, verde, azul… con estampados, encajes y detalles. Todos hemos
tenido o necesitado de ellas. Cortinas.
La semana pasada hablé sobre mi
habitación, sobre mi privacidad y mi gratitud. Pero jamás mencioné a la única
ventana dentro de las cuatro paredes que resguardan mi todo. Sí, tengo una
ventana cuyas dimensiones desconozco y cuyo marco he limpiado más de una vez.
No es que sea una gran ventana,
pero por ella se van mis ideas y la gente puede verlas flotar hacia la
inmensidad de lo azul. No es muy grande, pero las personas pueden verme desde
las otras casas. Me sorprendió cuando aquel miércoles, sentada frente a mi mesa
plegable, realizaba un trabajo escolar. Giré la cabeza. El vecino, colgaba su
ropa mientras observaba en mi dirección. Adiós privacidad, madre de mis mejores
ideas.
Sin otra opción, tuve que
conseguir un sustituto de cortinas, una sábana. Por suerte, en las esquinas
superiores de la ventana, hay un clavo en cada punta. Subiéndome a la silla,
logré sujetar la sábana con ayuda de los periquitos para la ropa. Si bien
oscurece un poco el pequeño cuarto, al menos ya no habrá gente que me observe
desde afuera.
Debo decir: gracias sábanas. Pero en realidad quiero gritar: ¡Gracias, cortinas!
El mismo miércoles que mude mis pertenencias, mi tía y
yo fuimos a comprar tela para hacer unas cortinas. Al primer local que
llegamos, habían telas preciosas, con encajes, con detalles, con cristales y
pedrería. Desistimos de ellas en primera instancia y nos dirigimos al Modatelas en Andrés Terán.
Revisamos un rato los retazos de telas que colocan en
una canastilla cerca de la puerta de entrada/salida. Encontramos dos retazos
ideales para las cortinas. Buscamos a alguien del personal para que nos pudiese
indicar el precio de ambos pedazos. Recorrimos los pasillos de la tienda
desviándonos de nuestro objetivo principal. Había muchas telas, muchos
estampados, tantos colores. Había olvidado mencionar, me encantan los estampados
con motivos florales, sobre todo, aquellos que parecen haber sido pintados con
técnicas de óleos o en acuarelas.
Cuando finalmente encontramos a un empleado,
terminamos pidiendo otra tela y sólo tomamos uno de los dos retazos. Mientras me
cobraban, tomamos ideas de las cortinas pre-diseñadas que Modatelas ofrece. Y con una idea en la cabeza, nos dirigimos con
una costurera. Le encargamos la tarea de crear las cortinas que se visualizaban
en nuestras mentes. La tela más clara y delgada por debajo, sobre ésta, la tela
de estampado floral que se abriera por la mitad. Y la mujer lo entendió.
Tenía que recogerlas el viernes, pero por alguna razón
lo olvidé. Iría el sábado, pero una tormenta cayó. El domingo no trabajan, así
que pasaría por ellas el lunes después de la escuela. Claro que como la mayoría
de los mexicanos “trabajadores”, se tomó el puente desde el domingo hasta el
martes. Así que no tuve opción, las recogería el miércoles. Una semana después
de haberlas encargado.
Encontramos de casualidad unos palos y los soportes de
madera para las cortinas. Ahora la ventana está cubierta cada vez que lo
requiero y no se roba la luz del día.
Las dificultades ya no importan, ahora tengo
privacidad, tengo la seguridad de que no estoy siendo observada por vecinos curiosos.
Puedo realizar mis tareas en completa calma, puedo escribir estas palabras con
más seguridad que antes. Y esta vez puedo decir: gracias cortinas.
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