De mi ciudad natal hasta una metrópolis fui a dar. Con
muchos lugares a donde ir, sin ninguno en donde poderme quedar. Primero en una
casa, después en otra. Ambas cómodas y reconfortantes. No fue hasta la segunda
de ellas en donde me pude instalar durante este cuatrimestre. Al lado de mis
tíos y de un pequeño primo me estoy desenvolviendo.
Dormí en la sala durante una semana, exceptuando el
fin de semana que volví a mi hogar en la
capital del calzado. Lo sabía desde que vine aquí. Que el lugar que me
darían, aún estaba ocupado con sus pertenencias. Ellos todavía no concluyen con
lo que yo llamo eterna mudanza.
Cierto, me siento como una intrusa. Finalmente, los tres tienen un espacio en
donde ser al familia que jamás pudieron ser. Y ahora, pues ahora yo estoy entre
ellos.
El miércoles pasado (10 de Septiembre), finalmente
terminamos de sacar las cajas que ocupaban el espacio. Incluso pusieron la luz
el día anterior, pues ésta era otra de las razones por las cuales no me dejaban
ingresar. E inicié con la limpieza.
Si bien, la única ventana que tiene de un metro por
uno treinta estaba sucia, no sabría cómo nombrar el piso. Duré un largo rato
tallando las esquinas de la protección de la ventana y más adelante, finalicé
con los vidrios. El suelo (mi reto personal) estaba esperándome. Con unos
cubetazos de agua con limpiador multiusos, de ese moradito que todos conocemos, remojé el piso. Y con una escoba
tallé cada rincón.
Ya estaba limpio. Incluso habíamos quitado las
cáscaras de huevecillos de cucaracha de las paredes, tapado el hoyo de donde
los asquilines salían, se rellenaron los huecos de las paredes que se tuvieron
que abrir para la instalación eléctrica. Ahora estaba listo, podía mover mis
pertenencias desde la sala, pasando por la cocina, la habitación de mi primo,
el baño, la recámara de mis tíos, el patio de lavado y hogar de Peluchín (el conejo de mi primo). Y
finalmente llegamos a mi cuarto.
Una pequeña habitación de un 1.90 X 1.90 X 2.40. En
ella sólo caben una cama individual, un pequeño mueble para mi ropa y un
escritorio plegable, además de una silla del mismo tipo, pero ésta aún no la
consigo. Aunque es reducido el espacio, yo lo veo como una llanura sin
fronteras para mi imaginación. Aquí son capaz de volver a ser yo misma, de
hacer y deshacer trabajos hasta altas hogares de la madrugada. Desde los
dibujos anatómicos para el profesor Yip, hasta los análisis literarios con la
profesora Lupita y los ensayos y proyectos del profesor Tony Gil.
Estoy feliz, en mi habitación. Estoy agradecida con
todos. Con mi familia, que me permitió salir de la seguridad de sus brazos,
hasta mis tíos, que tuvieron la amabilidad de acogerme en su hogar; desde el
área de administración de la UAD, pasando por directivos, conserjes, docentes y
demás personajes, hasta mi propia persona. Sin mi propia ayuda, jamás hubiera
logrado entrar, sin moverme, no lo hubiera logrado. Ahora todo depende de mí.
Voy a esforzarme y mi habitación, será testigo de ello. Tal vez nadie nunca se
entere de todo por lo que tuve que pasar para llegar a ser la persona que seré
mañana, el único que guardará mi silencio entre cuatro paredes, es mi
habitación.
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