domingo, 14 de septiembre de 2014

EN MI HABITACIÓN

De mi ciudad natal hasta una metrópolis fui a dar. Con muchos lugares a donde ir, sin ninguno en donde poderme quedar. Primero en una casa, después en otra. Ambas cómodas y reconfortantes. No fue hasta la segunda de ellas en donde me pude instalar durante este cuatrimestre. Al lado de mis tíos y de un pequeño primo me estoy desenvolviendo.

Dormí en la sala durante una semana, exceptuando el fin de semana que volví a mi hogar en la capital del calzado. Lo sabía desde que vine aquí. Que el lugar que me darían, aún estaba ocupado con sus pertenencias. Ellos todavía no concluyen con lo que yo llamo eterna mudanza. Cierto, me siento como una intrusa. Finalmente, los tres tienen un espacio en donde ser al familia que jamás pudieron ser. Y ahora, pues ahora yo estoy entre ellos.

El miércoles pasado (10 de Septiembre), finalmente terminamos de sacar las cajas que ocupaban el espacio. Incluso pusieron la luz el día anterior, pues ésta era otra de las razones por las cuales no me dejaban ingresar. E inicié con la limpieza.

Si bien, la única ventana que tiene de un metro por uno treinta estaba sucia, no sabría cómo nombrar el piso. Duré un largo rato tallando las esquinas de la protección de la ventana y más adelante, finalicé con los vidrios. El suelo (mi reto personal) estaba esperándome. Con unos cubetazos de agua con limpiador multiusos, de ese moradito que todos conocemos, remojé el piso. Y con una escoba tallé cada rincón.

Ya estaba limpio. Incluso habíamos quitado las cáscaras de huevecillos de cucaracha de las paredes, tapado el hoyo de donde los asquilines salían, se rellenaron los huecos de las paredes que se tuvieron que abrir para la instalación eléctrica. Ahora estaba listo, podía mover mis pertenencias desde la sala, pasando por la cocina, la habitación de mi primo, el baño, la recámara de mis tíos, el patio de lavado y hogar de Peluchín (el conejo de mi primo). Y finalmente llegamos a mi cuarto.

Una pequeña habitación de un 1.90 X 1.90 X 2.40. En ella sólo caben una cama individual, un pequeño mueble para mi ropa y un escritorio plegable, además de una silla del mismo tipo, pero ésta aún no la consigo. Aunque es reducido el espacio, yo lo veo como una llanura sin fronteras para mi imaginación. Aquí son capaz de volver a ser yo misma, de hacer y deshacer trabajos hasta altas hogares de la madrugada. Desde los dibujos anatómicos para el profesor Yip, hasta los análisis literarios con la profesora Lupita y los ensayos y proyectos del profesor Tony Gil.


Estoy feliz, en mi habitación. Estoy agradecida con todos. Con mi familia, que me permitió salir de la seguridad de sus brazos, hasta mis tíos, que tuvieron la amabilidad de acogerme en su hogar; desde el área de administración de la UAD, pasando por directivos, conserjes, docentes y demás personajes, hasta mi propia persona. Sin mi propia ayuda, jamás hubiera logrado entrar, sin moverme, no lo hubiera logrado. Ahora todo depende de mí. Voy a esforzarme y mi habitación, será testigo de ello. Tal vez nadie nunca se entere de todo por lo que tuve que pasar para llegar a ser la persona que seré mañana, el único que guardará mi silencio entre cuatro paredes, es mi habitación.

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