Las personas de la colonia Santa Teresita son
bastante amables. Las tiendas no abren muy temprano ni las cierran tarde. Esto,
debido a la fama de la colonia. No es un mal lugar para vivir, pero se debe de
tener cuidado.
En los negocios ya saben que no es necesario madrugar
para abrir el local. Prefieren que haya luz natural para sentirse más seguros.
Se han dado muchos casos sobre trabajadores que son asaltados, locales vaciados
y dueños enfadados. Los vándalos pertenecen a la colonia, son gente que puede
vivir a tu lado. Es normal que las personas desconfíen de recién llegados a
Santa Teresita.
Debido a que es una colonia bastante antigua, más
bien cerrada, la gente se conoce unos a otros y saben sobre su fama. Por
ejemplo, a los alrededores del mercado de Santa Teresita, todos conocen a mi
tío. Él ha vivido la gran parte de su vida en esta zona. Lo tienen como a un
hombre impecable, al cual se le tiene que respetar.
Cuando yo
llegué, nadie me conocía e intentaban adivinar quién era. Las miradas no
pasaban desapercibidas por lo “discretas” que eran. Cuando empezaron a verme al
lado de mis tíos, supieron que era parte de su familia. Seguramente les
extrañaba ver que una desconocida entrara a la casa de personas conocidas de la
colonia.
Si la gente
te comienza a conocer o saber con quién te juntas (o con quién vives, en mi caso),
empiezan a tratarte tal como a los que ya conocen. Una vez, tocaron a la
puerta. Yo estaba sola en la casa. Como vivimos en un segundo piso, quise
asomarme al balcón para saber de quién se trataba (su insistencia con el timbre
era formidable). Cuando intenté abrir la puerta, un vendedor, cuyo local está
frente a nuestra casa, me miró. Hizo un gesto negativo con la cabeza y sonrió.
Me pareció extraño, pero lo comprendí. No tenía que abrir. Con un ligero ademán
agradecí el gesto. Cerré la cortina y la situación no pasó más allá.
Si bien la
colonia es bastante cerrada y exclusiva, cuando te acoge, no te dejará ir
nunca. Aunque te mudes y vuelvas buscando algo, las personas te van a
reconocer. De la misma manera, si eres parte de la comunidad y, por alguna
razón, se llega a tener conflictos fuertes con una persona con mayor jerarquía
(porque en realidad, sí hay una jerarquización), esa persona será el objetivo
de las miradas malignas de los demás.
Uno debe de
tener cuidado en colonias como estas. Tampoco es la colonia más cerrada y
aislada de Jalisco, pero realmente tiene sus peculiaridades como ya se
mencionaba antes. La gente ya no sale tan tarde, y quienes lo hacen, son
valientes, los recién llegados, “forasteros” y aquellos quienes están listos
para sacarte un susto.
Ayer, por
azares del destino, tuve que caminar sola desde el mercado hasta mi casa, a eso
de las 10:30 p.m. El camino no es realmente largo. Realmente la gente escasea,
ya todos están refugiados; los negocios cierran bastante temprano, poco después
del anochecer; el alumbrado no es pobre, pero tampoco da la seguridad que uno
desearía.
Pues bien,
a veces las cosas no son lo que parecen, en esta colonia sí lo son. Se puede
notar a leguas las intenciones de las personas, o tal vez sólo ya sé
interpretar sus miradas. Se ve en los rostros quienes son de la colonia,
quienes no, quienes acaban de llegar. Y claro, no soy la única que lo sabe, que
lo tiene en claro. Los timadores son los más experimentados.
El mundo
funciona de esta manera, y es mejor temer, desconfiar un poco. Pues si uno va
más que tranquilo (ya anocheciendo o apenas amaneciendo), seguramente pagará
las consecuencias.
Aunque claro,
tiene sus ventajas también. En la colonia hay montones de cosas por hacer,
muchos lugares para visitar, restaurantes y bares por probar. Aunque soy de las
personas que no salen mucho, esta colonia es un gran lugar para explorar.
Vivir en
Santa Teresita me ha traído muchas experiencias. Y todavía quedan más por venir.
Espero poder ser parte de esta colonia pronto, pues pasaré los siguientes 3 o 4
años de mi vida aquí. Sería mejor acostumbrarme, tomar mis precauciones y
disfrutar lo que resta de mi estadía aquí.
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