De la otra semana a esta, las cosas han cambiado para
mejor. En mi entrada pasada, expresé el mal estado en que estuve durante la
semana pasada. Sin embargo, en esta, hay mucho contraste. Ahora estoy feliz,
creo que más que nunca.
Ciertamente, aún siento dolor por lo que ocurrió. Las
heridas no sanan de inmediato, no existen pomadas mágicas que te hagan olvidar,
o que vuelvan al pasado para cambiar las cosas. Tampoco hay forma de revertir
las acciones o de invertir las palabras. Cuando decimos algo, es permanente, y
con ello, nuestros destinos se van marcando. Sí, aún siento la puñalada en la
espalda.
No es por ser exigente, ni mucho menos porque lo
odie; creo conveniente que tiene que mejorar, que ambos debemos hacerlo. Las
relaciones son muy distintas unas de otras. La que yo tengo con él, es
especial. Para mí, es el mejor. Suena tonto después de las sangrientas palabras
que escribí anteriormente, pero así de estúpido es el amor.
Si permanezco a su lado, no es porque haya
desarrollado una dependencia. Sé que hay algo mejor en él. Y me agradó que
fuera abierto conmigo, que estuviese arrepentido. Hay cosas que se pueden
decir, otras que no. Pero lo que ocurrió tras nuestra pelea, fue aquello que me
hizo darme cuenta de que había algo en él que siempre estuve buscando. Tengo
sólo 18 años, una vida por delante y muchas equivocaciones por cometer, y el
tiempo para repararlas. Si tengo que equivocarme ahora, probaré suerte con él.
No quiero que sea nadie más.
Según las estadísticas, es probable que me vuelva a
dañar. Pero le tengo fe. Y de lo contrario, yo también puedo hacerlo sufrir.
Conozco tanto de él ahora, como él de mí. Estamos a la misma altura para
dañarnos así como para amarnos. No tengo ni idea sobre lo que pasará en el
futuro, lo único en lo que puedo confiar, y confirmar, es en el presente. Ya
veré qué ocurre. Y quien sabe, tal vez al final sea el indicado.
Las lágrimas no solamente son de tristeza o dolor,
también pueden ser de felicidad o amor, existen las de arrepentimiento, las
sinceras y las traicioneras. Existen llantos de todo tipo. Y las que ambos
derramamos en aquel entonces, fueron las que nos aseguraron que estábamos
hechos el uno para el otro. Y quien sabe, quizá muchos años después, escuchemos
el llanto de la vida. Pero por el momento, sólo quiero derramar las de ahora
estamos juntos.
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