domingo, 12 de octubre de 2014

EL CUMPLEAÑOS DE MI HERMANA


El pasado viernes, 10 de Octubre del presente año; se llevó a cabo la muestra UAD (Universidad de Artes Digitales). Como estudiante interesada, fui al evento. Durante unas horas, estuve mirando trabajos de compañeros. Algunos resultaban interesantes, a otros, creía poder aportar ideas para mejóralo. Se notaba el esfuerzo de todos.

El día martes, será el cumpleaños de mi hermana mayor, por ello, decidí visitarla. Sería una sorpresa para ella. Mis padres ya estaban enterados. El boleto marcaba las 17 horas como hora de partida. Tras la muestra, fui al centro para comer algo antes del viaje. De ahí, me di la tarea de buscar un regalo para la luz de mis ojos. Finalmente me dirigí a la Central Nueva.

La cuestión del regalo fue la más difícil de todas. Normalmente, soy quien hace sus regalos, no quien los compra. Pero la universidad es un ritmo distinto al de la preparatoria, y aún no estoy al cien por ciento sincronizada con ella. Por ello, el tiempo fue errado para preparar su regalo. Por suerte, paseando en el centro, encontré una tienda de antigüedades. Ahí encontré el regalo perfecto.

Una caja musical de cuerda. Adoptaba la forma de un toca discos, tenía una pequeña bailarina de ballet encima del gran disco. Su melodía, suave y tranquilizadora. Me recordaba a ella, a mi hermana. Ambos me traen paz, me hacen sentir una felicidad interna indescriptible. Sí, ese era el regalo que tenía que darle.

El viaje de tres horas fue ligero y sin contratiempos. Llegué a la central a las 8 con 15 minutos. Y llegué a mi casa una hora más tarde. En el boulevard, compré un arreglo floral. Con gerberas, rosas y lilis.

Cuando mi hermana llegó del trabajo, se llevó una gran sorpresa al encontrarme sentada en la sala. Nos dimos un abrazo emotivo. Hablamos hasta que el día sábado llegó. Dormidos plácidamente, una en compañía de la otra. Ya no había una gran distancia entre nosotros, estábamos bajo el mismo techo.

Al día siguiente, quedé de verme con un amigo. Mi hermana trabajaría hasta las cinco de la tarde, así que tenía tiempo suficiente para verlo. Por la tarde-noche, ya estábamos todos reunidos en la casa para la celebración. Comimos, hablamos y reímos. Más tarde, llegó la hora del pastel, estaba delicioso.

El día domingo, tuve que volver al mediodía a la central para tomar mi camión. Fue poco tiempo el que estuve ahí en León con mi familia, con mi hermana. Pero fue provechoso. Y definitivamente, valioso. Hasta cierto punto, necesario.


Para mí, mi hermana es una persona que merece todo mi tiempo. Aunque fue difícil asistir a su fiesta de celebración, valió la pena. Ella lo vale. Es mi hermana mayor, mi mejor amiga y como una madre. Todo al mismo tiempo. Estoy muy agradecida por tenerla en mi vida. Y voy a estar para ella cuando me necesite, porque la amo.

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