El pasado
viernes, 10 de Octubre del presente año; se llevó a cabo la muestra UAD
(Universidad de Artes Digitales). Como estudiante interesada, fui al evento. Durante
unas horas, estuve mirando trabajos de compañeros. Algunos resultaban
interesantes, a otros, creía poder aportar ideas para mejóralo. Se notaba el
esfuerzo de todos.
El día
martes, será el cumpleaños de mi hermana mayor, por ello, decidí visitarla. Sería
una sorpresa para ella. Mis padres ya estaban enterados. El boleto marcaba las
17 horas como hora de partida. Tras la muestra, fui al centro para comer algo
antes del viaje. De ahí, me di la tarea de buscar un regalo para la luz de mis
ojos. Finalmente me dirigí a la Central Nueva.
La cuestión
del regalo fue la más difícil de todas. Normalmente, soy quien hace sus
regalos, no quien los compra. Pero la universidad es un ritmo distinto al de la
preparatoria, y aún no estoy al cien por ciento sincronizada con ella. Por
ello, el tiempo fue errado para preparar su regalo. Por suerte, paseando en el
centro, encontré una tienda de antigüedades. Ahí encontré el regalo perfecto.
Una caja
musical de cuerda. Adoptaba la forma de un toca discos, tenía una pequeña
bailarina de ballet encima del gran disco. Su melodía, suave y tranquilizadora.
Me recordaba a ella, a mi hermana. Ambos me traen paz, me hacen sentir una
felicidad interna indescriptible. Sí, ese era el regalo que tenía que darle.
El viaje de
tres horas fue ligero y sin contratiempos. Llegué a la central a las 8 con 15
minutos. Y llegué a mi casa una hora más tarde. En el boulevard, compré un
arreglo floral. Con gerberas, rosas y lilis.
Cuando mi
hermana llegó del trabajo, se llevó una gran sorpresa al encontrarme sentada en
la sala. Nos dimos un abrazo emotivo. Hablamos hasta que el día sábado llegó. Dormidos
plácidamente, una en compañía de la otra. Ya no había una gran distancia entre
nosotros, estábamos bajo el mismo techo.
Al día
siguiente, quedé de verme con un amigo. Mi hermana trabajaría hasta las cinco
de la tarde, así que tenía tiempo suficiente para verlo. Por la tarde-noche, ya
estábamos todos reunidos en la casa para la celebración. Comimos, hablamos y
reímos. Más tarde, llegó la hora del pastel, estaba delicioso.
El día
domingo, tuve que volver al mediodía a la central para tomar mi camión. Fue poco
tiempo el que estuve ahí en León con mi familia, con mi hermana. Pero fue
provechoso. Y definitivamente, valioso. Hasta cierto punto, necesario.
Para mí, mi
hermana es una persona que merece todo mi tiempo. Aunque fue difícil asistir a
su fiesta de celebración, valió la pena. Ella lo vale. Es mi hermana mayor, mi mejor
amiga y como una madre. Todo al mismo tiempo. Estoy muy agradecida por tenerla
en mi vida. Y voy a estar para ella cuando me necesite, porque la amo.
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