Estamos en
el mes de Octubre, iniciando nuevos proyectos, un nuevo parcial; pero hay algo
que prevalece. Las persistentes lluvias, que acechan la ropa recién lavaba
dispuestos en tendedores.
Este año,
las lluvias se retrasaron, las cosechas se secaron. Ahora no deja de llover. Y
es algo normal. Hemos abusado todo el tiempo de la naturaleza, esto no es una
venganza, es una consecuencia que llegó por nuestros propios méritos. Tenemos
que aceptarlo, somos consumistas, destructores e invasores. El mundo no es
“nuestro”, es de todos, incluyendo plantas, animales, minerales y demás.
Las lluvias
no solamente han traídos destrucción y llanto, también se ha llevado vidas y
otras cosas. Qué triste es que algo tan hermoso, se haya vuelto algo tan
caótico. Se lo atribuyo a todos; a los grandes empresarios, a los pequeños
campesinos, a los bomberos que salvan vidas, a los asesinos a sueldo que las
arrebatan, a ti, y por supuesto, a mí.
Dejando de
lado la cuestión de “salvemos al planeta”, también hay un lado mucho más
romántico-nostálgico. La gente ve la lluvia como un símbolo. Es fertilidad, es
destrucción. Y como incontables imágenes en la red dicen, es perfecto para un
beso bajo la lluvia. No estoy amargada (eso es lo que creo), pero me parece una
tontería. No es mi máximo sueño tenerlo. Ni siquiera había pensado en algo así.
Por otra
parte, existe otra frase “La lluvia me pone nostálgica”. El agua al caer,
golpear contra el cristal y crear un sonido peculiar, ciertamente llama la
atención. Por falta de sol que trae energía, por falta de luz que nos alegre.
Las lloviznas realmente traen un sentimiento más profundo y en ocasiones un
poco oscuro. Te da tiempo de reflexión, tiempo para ti mismo. Deja de pienses
en tu vida, en lo que has hecho, en lo que te falta por hacer. Te arrepientes
de cosas, quieres llorar, quieres mandar todo al carajo. Pero muchas veces,
sólo contemplamos la lluvia caer. Volverse más libre que tú, aunque al final,
se estanque en un charco creado por muchas más gotas como ella.
Y de cierta
forma, la lluvia tiene un lado cómico. En ocasiones es divertido escuchar a las
personas gritando, al recordar que habían dejado secando la ropa recién lavada.
O cuando tu odiado vecino termina de lavar su automóvil y comienza a llover,
arruinando por completo su trabajo, mientras uno piensa “gracias, Karma”. Pero
el que veo más agradable, es cuando de niños (y a veces no tan niños), salías a
divertirte con los charcos. Saltando sobre ellos, mojando a tus amigos, creando
sonrisas y buenas memorias que se recordarán más adelante. En lo personal,
tengo gratas memorias respecto a estos juegos que han quedado atrás.
Las lluvias
no sólo son malas. Han traído cosechas buenas, ha hecho crecer flores hermosas,
vuelve al verde mucho más vivo, y limpia las calles. Los ríos se llenan de agua
y trae vida, se puede reutilizar, limpia el ambiente.
Tenemos que
agradecer hasta el más pequeño de los detalles de la naturaleza. Agradecer y
cuidar. No podemos permitir que cosas tan hermosas, recuerdos tan preciados y
momentos de meditación se pierdan así como así.
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