domingo, 18 de enero de 2015

EN EL BAR

No estoy segura si alguno de mis compañeros va a hablar sobre esto, pero yo lo haré. El pasado viernes, 16 de Enero, fuimos a las 8 de la noche a un espacio cultural llamado “Micro teatro GDL.”, un recinto para observar y sentirte parte de las obras de teatro.

Como la tarea lo indicaba, fuimos en grupo a ver la obra de “Lilith”. Sin hacer spoiler, fue una obra grandiosa y muy divertida. Personalmente, recomiendo ir a ver esta obra, y de ser posible, las otras 8 que están en cartelera durante esta temporada.

Fui a verla con mis compañeros de clase y algunos otros del grupo B. Marcela, de quien ya les he platicado en mi blog, me recogió en la escuela y fuimos juntas en su camioneta. Llegamos sin problemas a la calle que indicaba la dirección. Estacionamos el automóvil y emprendimos camino buscando el lugar. Después de un rato, lo encontramos, ahí esperaba un compañero, Iván. Más adelante, se nos unieron Cecilia Hinojos (Cecy), Fernanda Raigosa (Fer), Héctor y Saúl. En total, éramos siete estudiantes.

Al finalizar la función, mi compañera Marcela tuvo la idea de ir a algún lugar a pasar un rato agradable, pues después irían a la fiesta de inicio de curso. Yo no estaba muy interesada en ninguna de las dos, pero tampoco podía decir que no, algo me lo impedía. Tal vez quería disfrutar de mis compañeros un rato más.

Fuimos a un bar llamado “Bananas”, o algo así. Al llegar, me sentía un poco incómoda porque no estoy acostumbrada a esos tipos de lugares. Vimos el menú del lugar. Las chicas pidieron micheladas, Saúl una bebida extraña, mientras que Iván y yo tomamos piñadas. Yo no quise tomar nada con alcohol, pero algo dulce estuvo bien. Héctor no pidió nada. Iván fue muy amable y compró una orden de alitas para todos.

La velada estuvo llena de risas y diversión. Mis compañeros se dieron cuenta de que no encajaba con el ambiente, y eso era lo que más risa daba. Y claro, no faltaron los chistes “raciales”. Estoy bastante acostumbrada a eso, y la verdad es que a mí también me causa gracia.


Marcela nos hizo el favor de transportarnos, a mí me trajo a mi casa, y a los demás los llevó a la fiesta. Mi salida nocturna terminó ahí a diferencia de mis amigos, pero yo estoy más que satisfecha con esos pocos minutos que me regalaron para relajarme y me permitieron conocerlos más. Eso fue lo que más me gustó. ¡Ah! Me di cuenta de algo, no me gustan los bares.

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