domingo, 15 de febrero de 2015

VIERNES 13

            Muchas personas no creen en esta superstición, yo soy parte de ellas, pero de alguna manera, creo que me dejé atrapar.

Creo que desde el jueves inició mi racha. Acababa de lavar esa mañana y colgué mi ropa. Por la tarde, estaba en la escuela, pero comenzó a llover. Me di toda la prisa posible por ir a bajarla, pero cuando llegué a mi casa, la lluvia cesó y no tenía nada que hacer ahí. ¡Incluso salió el sol! Decidí bajarla por cualquier cosa.

            Después, salí a hacer las compras de la despensa, por mala suerte, tras comprar té en una tienda asiática, comenzó a llover. Llevaba un paraguas, pero el aire era muy fuerte y me mojé. Entré al Aurrera e hice mis compras. Tenía un estimado para gastar y fui cuidadosa. Cuando estaba en la caja, me di cuenta de que había sobrepasado el presupuesto, me enojé y sigo sin saber en qué momento me descuidé.

En fin, al salir, ya no había lluvia. Me fui caminando desde ahí hasta mi casa, pero todo estaba inundado. Mis zapatos se mojaron por completo. ¡Todavía no se secan! Qué triste… Pero la lluvia es necesaria, así que no me quejo.

El viernes fue un día bastante normal. Incluso terminé la tarea del profesor Yip y de Christian. No pasó nada malo ese día a pesar de que era 13. Así que pensé que mi mala suerte había cesado, pero aún faltaban dos días.

Amaneció el sábado. Por la tarde tenía que ir con mi abuela para darle algo de parte de mi mamá. Así que mi novio pasó por mí, pues me iba a acompañar. Esperamos durante una hora el camión, cuando este pasó, no nos dio la parada, pues iba repleto. Esperamos un tanto más y decidimos darnos por vencidos, así que fuimos a tomar otro camión. Ahí teníamos dos opciones de rutas, así que esperamos cualquiera. Pero después de un total de 3 horas y media, ninguno pasó.

Cansados y molestos fuimos a comer a un restaurante de tacos de birria y barbacoa. Ordenamos agua y un consomé para cada quien. El costo era de 20 pesos, normal, pero era una miseria. Al darnos cuenta de que cada taco costaba 19 pesos, pagamos la cuenta y nos fuimos. Decidimos comer pizza. ¡Y la fortuna sonrió! Fue gratis gracias a la promoción, si en 15 minutos no estaba lista, era gratis. Tardaron 20. Todo iba bien, pero por la noche me enteré de que mi abuela nos iba a dar de comer, había hecho carne asada, frijoles, guacamole, nopales y demás. ¡Vaya desperdicio!

Por fin llegó el domingo. El camión pasó. Fuimos al centro por lo que más tarde le daría a mi abuela. De paso, compré los rotuladores que necesitaba para la clase del profesor Yip. ¡Incluso mi novio me compró una crepa!

Íbamos a tomar el camión cuando el hermano de mi novio llamó, nos pidió ir a Tonalá para darle un regalo a su novia. Quería que compráramos una pizza en forma de corazón y se la lleváramos. No queríamos ir, pues ya teníamos planes, pero después de tanta insistencia accedimos. El camión no nos quiso dar la parada, así que caminamos para tomarlo en la siguiente esquina.

Al fin nos subimos. Cuando llegamos con mi abuela a la que normalmente llamo “Doña”, nos dio de comer menudo. Lo gracioso es que a mi novio no le gusta, así que yo comí bien, pero “la Doña” se empezó a quejar conmigo y a decir cosas feas de mí en mi cara y frente a mi novio. Me da igual, de todas formas no hablo mucho con ellos.

Finalmente nos fuimos, así que nos dirigimos hacia Tonalá. Ya estábamos a punto de llegar al centro cuando su hermano nos envió un mensaje. Ya no necesitaba que fuéramos… ¡Agh!

Ya estábamos ahí, así que fuimos a comprar un postre. Caminamos mucho tiempo y casi nos perdíamos, pero obtuvimos nuestra recompensa. Regresamos para tomar el camión, y subimos cuando hubo llegado. Por alguna razón, me quedé dormida. Desperté ya casi llegando al centro de Guadalajara. Mi novio escuchó que el camión en el que íbamos llegaba sólo dos cuadras más adelante, así que nos bajamos ahí mismo.

Esperamos el otro camión que nos llevaría a mi casa, pero este no pasó, de nuevo. Nos dimos cuenta de que el camión en el que íbamos, sí llegaba hasta nuestro destino y que todo fue un simple malentendido. Qué lástima. Ya estábamos yendo al otro camión cuando vimos que ya venía. Corrimos para alcanzarlo, pero se fue… casual. Otro ya iba atrás. Entonces subimos.

No fue un mal fin de semana, pero debo decirles a las personas que creen que el viernes 13 es de mala suerte, están en un error, soy la prueba viviente. Ahora bien, para las personas que no creen en eso, no lo nieguen con todo su corazón, porque puede pasarles lo que a nosotros. Creo que es una cuestión de siempre sonreírle a la vida y esperar lo mejor todos los días.


No hay día completamente bueno o enteramente malo. Sólo son días. Hay que aceptar lo peor para aprender de eso, y ver siempre lo mejor para tener esperanzas y darnos cuenta de que vale la pena esforzarnos, que siempre seremos recompensados, tarde o temprano. ¡Estoy lista para otro viernes 13!

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