Muchas
personas no creen en esta superstición, yo soy parte de ellas, pero de alguna
manera, creo que me dejé atrapar.
Creo que desde el
jueves inició mi racha. Acababa de lavar esa mañana y colgué mi ropa. Por la
tarde, estaba en la escuela, pero comenzó a llover. Me di toda la prisa posible
por ir a bajarla, pero cuando llegué a mi casa, la lluvia cesó y no tenía nada
que hacer ahí. ¡Incluso salió el sol! Decidí bajarla por cualquier cosa.
Después,
salí a hacer las compras de la despensa, por mala suerte, tras comprar té en
una tienda asiática, comenzó a llover. Llevaba un paraguas, pero el aire era
muy fuerte y me mojé. Entré al Aurrera e hice mis compras. Tenía un estimado
para gastar y fui cuidadosa. Cuando estaba en la caja, me di cuenta de que
había sobrepasado el presupuesto, me enojé y sigo sin saber en qué momento me
descuidé.
En fin, al salir, ya
no había lluvia. Me fui caminando desde ahí hasta mi casa, pero todo estaba
inundado. Mis zapatos se mojaron por completo. ¡Todavía no se secan! Qué triste…
Pero la lluvia es necesaria, así que no me quejo.
El viernes fue un día
bastante normal. Incluso terminé la tarea del profesor Yip y de Christian. No pasó
nada malo ese día a pesar de que era 13. Así que pensé que mi mala suerte había
cesado, pero aún faltaban dos días.
Amaneció el sábado. Por
la tarde tenía que ir con mi abuela para darle algo de parte de mi mamá. Así que
mi novio pasó por mí, pues me iba a acompañar. Esperamos durante una hora el
camión, cuando este pasó, no nos dio la parada, pues iba repleto. Esperamos un
tanto más y decidimos darnos por vencidos, así que fuimos a tomar otro camión. Ahí
teníamos dos opciones de rutas, así que esperamos cualquiera. Pero después de
un total de 3 horas y media, ninguno pasó.
Cansados y molestos
fuimos a comer a un restaurante de tacos de birria y barbacoa. Ordenamos agua y
un consomé para cada quien. El costo era de 20 pesos, normal, pero era una
miseria. Al darnos cuenta de que cada taco costaba 19 pesos, pagamos la cuenta
y nos fuimos. Decidimos comer pizza. ¡Y la fortuna sonrió! Fue gratis gracias a
la promoción, si en 15 minutos no estaba lista, era gratis. Tardaron 20. Todo iba
bien, pero por la noche me enteré de que mi abuela nos iba a dar de comer,
había hecho carne asada, frijoles, guacamole, nopales y demás. ¡Vaya
desperdicio!
Por fin llegó el
domingo. El camión pasó. Fuimos al centro por lo que más tarde le daría a mi
abuela. De paso, compré los rotuladores que necesitaba para la clase del
profesor Yip. ¡Incluso mi novio me compró una crepa!
Íbamos a tomar el
camión cuando el hermano de mi novio llamó, nos pidió ir a Tonalá para darle un
regalo a su novia. Quería que compráramos una pizza en forma de corazón y se la
lleváramos. No queríamos ir, pues ya teníamos planes, pero después de tanta
insistencia accedimos. El camión no nos quiso dar la parada, así que caminamos
para tomarlo en la siguiente esquina.
Al fin nos subimos. Cuando
llegamos con mi abuela a la que normalmente llamo “Doña”, nos dio de comer
menudo. Lo gracioso es que a mi novio no le gusta, así que yo comí bien, pero “la
Doña” se empezó a quejar conmigo y a decir cosas feas de mí en mi cara y frente
a mi novio. Me da igual, de todas formas no hablo mucho con ellos.
Finalmente nos
fuimos, así que nos dirigimos hacia Tonalá. Ya estábamos a punto de llegar al
centro cuando su hermano nos envió un mensaje. Ya no necesitaba que fuéramos…
¡Agh!
Ya estábamos ahí, así
que fuimos a comprar un postre. Caminamos mucho tiempo y casi nos perdíamos,
pero obtuvimos nuestra recompensa. Regresamos para tomar el camión, y subimos
cuando hubo llegado. Por alguna razón, me quedé dormida. Desperté ya casi
llegando al centro de Guadalajara. Mi novio escuchó que el camión en el que
íbamos llegaba sólo dos cuadras más adelante, así que nos bajamos ahí mismo.
Esperamos el otro
camión que nos llevaría a mi casa, pero este no pasó, de nuevo. Nos dimos
cuenta de que el camión en el que íbamos, sí llegaba hasta nuestro destino y
que todo fue un simple malentendido. Qué lástima. Ya estábamos yendo al otro
camión cuando vimos que ya venía. Corrimos para alcanzarlo, pero se fue…
casual. Otro ya iba atrás. Entonces subimos.
No fue un mal fin de
semana, pero debo decirles a las personas que creen que el viernes 13 es de
mala suerte, están en un error, soy la prueba viviente. Ahora bien, para las
personas que no creen en eso, no lo nieguen con todo su corazón, porque puede
pasarles lo que a nosotros. Creo que es una cuestión de siempre sonreírle a la
vida y esperar lo mejor todos los días.
No hay día
completamente bueno o enteramente malo. Sólo son días. Hay que aceptar lo peor
para aprender de eso, y ver siempre lo mejor para tener esperanzas y darnos
cuenta de que vale la pena esforzarnos, que siempre seremos recompensados,
tarde o temprano. ¡Estoy lista para otro viernes 13!
No hay comentarios:
Publicar un comentario