Todo
el tema de las vacaciones me recuerda a mi hogar, y ahí en casa, me espera mi
querida familia. Entre todos, es mi hermana de quien les voy a hablar en esta
entrada de blog. Pues bien, su nombre es Metzin.
Realmente,
se nota que es mi hermana desde el extraño nombre, pero ella es aún más rara en
persona. Es celosa, explosiva, muy cambiante y algo molesta e irritante en
ocasiones, pero yo la amo. No sólo son esos defectos lo que me hace amarla,
también son todas esas virtudes que posee y que muchas veces le cuesta ver en
sí misma. Es amable, se preocupa por mí, siempre piensa en mi bien, es
dedicada, tiene muchos talentos, es increíblemente amorosa y es una de las
pocas personas que puedo asegurar, aman incondicionalmente.
La
mayor fuente de inspiración a lo largo de mi vida, siempre han sido dos, mi
hermana y mi mamá. Para ser sincera, ambas son igual de indispensables en mi
vida. Pero esta vez, daré más peso a mi hermana, pues gracias a ella, estudio
aquí en la UAD.
No he conocido a
muchas personas a lo largo de mi vida, pero de lo que estoy segura, es que ella
es una de las personas más admirables. Desde experiencias personales hasta las
profesionales, ella ha sido la persona que me apoya día y noche
incondicionalmente.
Su personalidad puede
que en un día cotidiano no sea la mujer con más carácter o decisión. Muchas
veces ella es sensible y puede incluso, ser lastimada muy fácil. Pero al
tratarse de mí, ella siempre es fuerte. Eso es lo que más me impresiona de
ella. Cuando una persona a la que Metzin quiere está en problemas, siempre
sacará valor de donde sea necesario para ayudar.
No sé cuántas veces
han sido las que he lastimado sus sentimientos. No he sido recíproca con su
amor, no tanto. Siempre la he amado como a nadie, pero a veces, no logro
entenderla y me desespero de su actitud. Jamás llegué a imaginar que su
personalidad más infantil, era para ella como una necesidad de estabilidad.
Ella no sólo me ha
defendido en problemas personales o familiares. Si no también, es gracias a
ella que decidí estudiar animación y entrar en la UAD. Durante la preparatoria,
había decidido dejar de estudiar. Para mi hermana, rendirse no era una opción.
No porque me quisiera obligar a tener una carrera universitaria, sino porque
ella había tenido la misma sensación a mi edad (creo que todos la hemos
sentido). Y ahora, ella es una profesionista. Se hubiera arrepentido por dejar
de estudiar y creía que ocurriría lo mismo conmigo. Bueno… creo que tenía
razón. Pero ahora no tengo nada de qué arrepentirme.
Incluso, se encargó de aplicarme pruebas psicológicas para ver qué
carreras me podían atraer. Sinceramente, ya casi en el sexto semestre, no sabía
qué hacer con mi vida.
Tras varias pruebas e investigar carreras, conocí la animación. Creí que
sería una buena carrera, pero yo seguía desmotiva a volver a una escuela.
Estaba cansada de ellas (después de 17 años de escuela, creo que sería lo
normal). Así que no le presté mucha atención y decidí dejar que el «destino»
eligiera por mí.
Bueno, Metzin fue entonces mi destino, porque encontró varias
universidades, entre ellas, figuraba la UAD. Encontró tres aquí en GDL., pero a
ninguna quería entrar. Daba pretextos para descartar las escuelas, pero al
final, Metzin habló conmigo, me pidió no que le diera oportunidad a las
escuelas, si no a mí misma. Y eso fue lo que hice, me di una oportunidad a mí, una
oportunidad a mi familia, y una oportunidad a la UAD.
Hice mi examen de
admisión lo más pronto posible después haber tomado mi decisión. El examen, si
mal no recuerdo, lo hice en el mes de Febrero. Me dije que si no entraba, me
quería sin estudiar un tiempo para reflexionar sobre mi vida. Me pondría a
trabajar y hacer en mis ratos libres, cosas que me gustaran para encontrar mi
vocación. Por fortuna, todo fue más sencillo y logré entrar a la escuela. En
las vacaciones que tuve, mi hermana me apoyó moralmente. Me hablaba sobre cómo
sobrevivir en otra ciudad y cómo cuidarme. Me enseñó varias cosas que yo no
conocía, eso hizo que aumentara mi gratitud y admiración por ella. En este
mismo periodo, me di cuenta de que lo que amaba, era pintar. Siempre utilicé
técnicas de pintura más que de dibujo. A decir verdad, sólo empecé a dibujar
hasta que entré al propedéutico.
Por eso mismo, fue
que tenía tanto miedo de entrar. Sabía que mis compañeros sabrían dibujar hábilmente y yo, sólo había entrado por
suerte. Durante todo el curso propedéutico, tuve miedo de esto. Por eso no
hablaba con nadie, porque me daba miedo no encajar por mis bastas habilidades
en el dibujo.
Ahí es donde mi hermana me vino a salvar y me
dio las fuerzas que necesitaba para salir adelante. Y ahora se lo agradezco.
Porque con ello, pude abrirme a mis compañeros y demostrarles mi verdadera
personalidad, y aunque pobres en aquel momento, las cualidades por las que
había entrado en la carrera.
No puedo expresar qué
tan agradecida estoy con mi hermana. Es por ella que empecé a hacer todo esto.
Ahora lo hago por las dos. Incluso, ella paga mi colegiatura, me da para
solventar algunos gastos externos y compra mi material para la escuela. Quiero
esforzarme más que antes, volverme la mejor Aiko que pueda. Es lo que ella
hace, ser la mejor Metzin para mí. Su esfuerzo me enorgullece, la admiro, la
amo. Es un gran ejemplo para mí, ella es inspiración pura a mis ojos.
Más que una hermana,
ella ha sido como un padre estricto, una madre cariño, una abuela mimosa, un
maestro sabía y correcto, la mejor amiga, el amor de mi vida. Ella lo es todo
para mí. Gracias a ella, puedo esforzarme más y más cada día. Porque ella es mi
motivación, mi orgullo, mi fortaleza, ella es mi inspiración. Y perdón porque
la entrada sea tan larga, pero ella merece cada una de estas palabras.
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